Recuerdos
LA VOZ DE LENA

Recuerdos

José Fernández | 1 oct 2021

Parece que va tomando forma el proyecto avalado por Europa que pretende enterrar para siempre los restos de lo que fue minas de “La Soterraña”. Y como en todos los entierros, afloran, como pompas de jabón en el aire, recuerdos infantiles de los tiempos aquellos, años 50. Pero antes de describir esos recuerdos infantiles de tantos años atrás, unas palabras sobre la mina citada y sus instalaciones: en plena explotación desde los cuarenta, cuando el franquismo era “un dolor sin tiempo” y la autarquía (hambre y miseria) era el condicionante económico llegó hasta los años 70. Y como era costumbre entonces, y hasta la fecha, para comer había que trabajar. Y muchas veces no se podía escoger, aunque el trabajo fuese altamente peligroso y contaminante para trabajadores y para todo el contorno, según Xulio Concepción describe en su blog.

Pues bien, supongamos que con este proyecto se entierran los peligrosos residuos, a la par que se desentierran aquellos recuerdos. La primera pompa que explota en el aire deja la imagen de aquellos “paxarinos” muertos en la orilla del río por beber en las aguas residuales, que se repite con la del escuálido caballo que espera la muerte por culpa de las mismas aguas. Es otro recuerdo muy especial aquel sabor dulzón en el aire que se pegaba al paladar cuando limpiaban les mufles (siempre de noche) y un aire expandía los vapores, impregnándolo todo de muerte. Y en aquellos tiempos de “Barreiros” y “Pegasos”, fundamentales en nuestra mitología infantil, nos encantaba el sonido de aquellos motores que desde el amanecer transportaban mineral de Mieres a “La Fábrica” (era el nombre popular) y que nos inducía a ser los chóferes del futuro.

Si hacemos un calado más profundo, el funcionamiento de toda la maquinaria productiva era el propio de los tiempos hasta el cierre: una estructura piramidal que dejaba escaso movimiento a quienes no estuviesen en la cúspide, con el ordeno y mando por lema productivo, y que sólo rendía cuentas a Madrid, donde estaba la sede social. Aún resuenan nombres todopoderosos y allegados, que se mantienen en el recuerdo y limpios de pasado. Luego estaba la masa trabajadora, que carecía de los derechos más elementales como recurso para mejorar sus condiciones laborales. Aunque con el tiempo, también hay que decirlo, hubo transporte gratuito e incluso hubo becas para algunos estudiantes. Y como es normal, lo que se llama el “staff” de la misma mantenía buenas relaciones políticas en todos los ámbitos de poder, hasta el punto de ser declarada “empresa modelo”.

En la parroquia tenían especial consideración con las “fuerzas vivas” de entonces. Sobre todo con el párroco, al que donaron el frontal del presbiterio, además de atender sus peticiones de socorro social a cambio del apoyo prestado por el mismo cuando surgían conflictos entre empresa y ganaderos de la zona.

En definitiva, su importancia tuvo cuando mereció el estudio de Manuel Gutiérrez Claverol y Carlos Luque Cabal titulado “La minería del mercurio en Asturias. Rasgos históricos” (2006). 

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